Estimados co-blogeros (o como diantres se conozca a los contertulios de este blog), es la primera vez que entro a un engrendro de este calibre y no tengo muy claro que la fugaz inspiración que en ocasiones acude al humus de mi mente, pueda descargarse sobre estos inventos demoníacos de la generacion 2.0 de la tan manida world wide web.
No obstante, haremos un esfuerzo, parejo a nuestros estreñimientos fecales, para intentar dejar sobre este papel virtual nuestras reflexiones sobre esta lamentable existencia que tiende ya a disiparse sin remedio, a medida que nos aproximamos a la hora de la verdad, esto es, nuestro óbito. Porque, como diría el viejo Bilbo Bolsón: "Me siento como mantequilla untada sobre demasiado pan".
Ernestágoras.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
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4 comentarios:
La inspiración sea con nosotros... y con Ernestágoras!
Un poema de uno de los grandes para invocarla...
"Las yeguas que me arrastran me han llevado tan lejos cuanto mi ánimo podría desear, cuando, en su conducción, me llevaron al famoso camino de la diosa, que conduce al hombre vidente a través de todas las ciudades.
Por este camino era yo conducido. Pues por él me llevaban las hábiles yeguas, tirando del carro, mientras unas doncellas mostraban el camino.
Y el eje ardiendo de los cubos de las ruedas rechinaba (pues era velozmente llevado por dos ruedas bien torneadas, una a cada lado), cuando las hijas del Sol, abandonando la morada de la Noche, se apresuraron a llevarme a la luz, quitándose los velos de sus cabezas con sus manos.
Allí están las puertas de los caminos de la Noche y del Día, que sostienen arriba un dintel y abajo un umbral de piedra. Elevadas en el aire se cierran con grandes puertas. La Justicia pródiga en castigos guarda sus dobles cerrojos.
Rogándole las doncellas con suaves palabras, hábilmente las convencen de que les desate pronto de las puertas el fiador del cerrojo. Éstas al abrirse originaron una inmensa abertura, tras hacer girar alternativamente sobre sus goznes los ejes de bronce, provistos de remaches y clavos.
A su través, en derechura, las doncellas conducen el carro y las yeguas por un ancho camino. Y la diosa me recibió benévola, cogió mi mano derecha con la suya y me habló diciéndome:
«Oh joven, compañero de inmortales aurigas, que llegas a nuestra morada con las yeguas que te arrastran, salud, pues no es mal hado el que te impulsó a seguir este camino que está fuera del trillado sendero de los hombres, sino el derecho y la justicia. Es preciso que aprendas todo, tanto el imperturbable corazón de la Verdad bien redonda como las opiniones de los mortales, en las que no hay verdadera ciencia. Aprenderás, empero, también estas cosas, cómo las apariencias, pasando todas a través de todo, deben lograr la apariencia de ser."
La vía de la verdad
Proemio del Poema del Ser
Parménides de Elea.
Hummm.... el gran Parménides me trae recuerdos de un viejo poema de un autor, sin duda, mucho más mediocre que el de Elea:
"Aislado en la inmensidad
de una postrera existencia.
Sufriendo la desdicha
de la eterna ignorancia.
Mis entrañas se devoran
escupiendo las debilidades.
Miro en mi interior
y veo una oscura fosa
repleta de gusanos putrefactos.
Las risas de antaño
se las llevó la brisa,
mas el dolor de hoy
penetra en la piel
extendiéndose cual veneno.
El humus de mi mente
se funde con un lento rencor.
Mis manos son garras
provistas de afiladas uñas
que desgarran la piel marchita.
Mis ojos languidecen
como teas que se apagan.
Los excrementos de mi ansiedad
se multiplican por doquier,
llenándolo todo
de un hedor nauseabundo.
Las cadenas de mi conciencia
sostienen los pilares de mi ser,
cauterizan las heridas de mi dolor.
Bandadas de aves carroñeras
se posan sobre mi,
ansiosas por devorar mi carne.
Un último grito sale de mi garganta
con la fuerza de mil demonios.
Y las aves huyen de mi
sin poder degustar
el ansiado banquete.
Porque, a pesar de todo,
una voz en mi cabeza
me repite sin cesar:
“cogito, ergo sum”,
“cogito, ergo sum”..."
plas-plas-plas
Grande abuelo.
plas-plas-plas
Grande abuelo.
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