martes, 26 de febrero de 2008

España invertebrada

Acabo de terminar de deleitarme con la pausada lectura de una obra creo que excepcional, y me veo en la obligación de publicar mis impresiones sobre ella, a pesar del discretísimo éxito de este blog, en el que sólo Caballero y un servidor, se adentran en las arenas movedizas del ensayo y la crítica literaria.

Me regalaron estas pasadas Navidades un pequeño librito que, he de reconocer, recibí con bastante recelo por cuanto el autor era español, y mi limitada experiencia hasta ahora (salvo honrosísimas excepciones) me lleva a degustar con mayor placer la literatura de corte anglosajón. Pero, oh musas, heme aquí que, según me adentro en las sencillas, pero contundentes reflexiones de José Ortega y Gasset en esta "España Invertebrada" (bosquejos de algunos pensamientos históricos), me encuentro con un libro (primera edición de 1921) que transmite una "modernidad" apabullante. Ortega realiza en él un concienzudo y razonado análisis de los motivos, circunstancias y trasfondos de la desarticulación progresiva de esta entidad que conocemos como España.

Ahondando en la huella de la historia y, por supuesto, hurgando más allá de los separatismos fascistoides y demagogos de las últimas décadas, Ortega traza un camino que pone las bases del devenir histórico actual en las postrimerías del siglo XVI (muerte de Felipe II), y aún más allá en las diferencias étnicas entre los pueblos visigodo, franco, sajón, etc, que han conformado la realidad europea, en la ausencia en España de un feudalismo medieval parejo al de otras entidades europeas, etc.

Su conclusión a la enfermedad padecida por esta nación se resume en lo que denomina "aristofobia" u odio a los mejores, es decir, el desprecio absoluto de las masas por el seguimiento de un modelo que deben proporcionar una élites que, por otra parte, en España han sido históricamente escasas y de nivel ínfimo.

Dejadme, queridos compañeros, que cite a Ortega en uno de sus epílogos acerca de lo que acontece en las conversaciones españolas: "Es la conversación el instrumento socializador por excelencia, y en su estilo vienen a reflejarse las capacidades de la raza. Debo decir que la primera orientación hacia las ideas que este ensayo formula vino a mí reflexionando sobre el contenido y el régimen de las conversaciones castizas.... Siempre que en Francia o Alemania he asistido a una reunión donde se hallase alguna persona de egregia inteligencia, he notado qué las demás se esforzaban en elevarse hasta el nivel de aquélla. Había un tácito y previo reconocimiento de que la persona mejor dotada tenía un juicio más certero y dominante sobre las cosas. En cambio, siempre he advertido con pavor que en las tertulias españolas - y me refiero a las clases superiores, sobre todo a la alta burguesía, que ha dado siempre el tono a nuestra vida nacional - acontecía lo contrario. Cuando por azar tomaba parte en ellas un hombre inteligente, yo veía que acababa por no saber dónde meterse, como avergonzado de sí mismo. Aquellas damas y aquellos varones burgueses asentaban con tal firmeza e indubitabilidad sus continuas necedades, se hallaban tan sólidamente instalados en sus inexpugnables ignorancias, que la menor palabra aguda, precisa o siquiera elegante sonaba a algo asburdo y hasta descortés. Y es que la burguesía española no admite la posibilidad de que existan modos de pensar superiores a los suyos, ni que haya hombres de rango intelectual y moral más alto que el que ellos dan a su estólida existencia."

En fin, una lectura, la de este ensayo, altamente recomendable, desprovisto además de los típicos ornatos y excesos figurativos de la literatura autóctona que tanto gustan por estos lares para adornar la absoluta ausencia de ideas, cual arquitectura de pobres materiales que se recubre con excesos escultóricos y pictóricos para ocultar la pobreza de los mismos. En Ortega, el lenguaje es llano, directo, no orientado a la élite intelectual, sino a los individuos de esa masa que nos movemos siempre inquietos entre la inmundicie que nos rodea, ansiosos por degustar manjares más exquisitos.

miércoles, 30 de enero de 2008

Continuando con la educación española...

PERMITIDME TUTEAROS, IMBECILES

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas
analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente
de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición.
Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos.
Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación
y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin
mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de
todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública
en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este
autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De
vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el
griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente,
la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias
incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de
que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes
carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada
vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por
debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra
arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta
contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace
menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006,
a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la
Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un
juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos
legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus
secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de
Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y
permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo
hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos
a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto
al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones
oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por
ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde
la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el
muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora
Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto,
que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo
español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha
fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad»,
entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el
sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la
próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–.
Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de
cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal
lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento
educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que
después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel
Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente
buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo,
vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente
formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la
ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de
autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta
de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de
cuatro suspensos y tira p'alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande
chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía,
no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo
rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal,
Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que
estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José
Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez,
Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no,
entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un
imbécil que un malvado.
Arturo Pérez-Reverte
El Semanal 23 de diciembre de 2007

jueves, 17 de enero de 2008

Gabriel García Marque vs James Joyce...

... o literatura latinoamericana vs anglosajona.

De un tiempo a esta parte - en un intervalo temporal de una amplitud sólamente comparable a la inversión de mis temas de lectura habitual en los últimos tiempos- estoy leyendo simultáneamente "Cien años de soledad" y "Ulises", ésta última en la versión del irlandés de hace unas décadas.

Me acerqué a este Ulises bajo los efectos embriagadores del original, cuyas ambiguedad, potencia evocadora e interpretativa sigue fascinando 9000 generaciones después. Al de Cien años llegué en un tarde de tedioTV en casa de mis suegros.

Realmente me han sorprendido los dos; pero aún mayor es la sorpresa al contrastar el abismo entre ambos estilos. El libro de Cien años es un auténtico culebrón: incestos, guerras, misterios del más allá con banalidades del acá más cercano: generaciones fantásticas que se suceden bajo una trama que les supera. Ulises por el contrario es un libro duro y complejo como nunca antes me había encontrado: "Así habló Zaratustra" es panfleto en comparación. 800 páginas cuya originalidad está, por un lado en que tardas más en leer cada capítulo que el tiempo real que trascurre en cada uno -1 hora- Por otro lado, es igualmente diferencial en él que, más que conversaciones o descripciones racionales para ser leídas, el libro plantea reflexiones mentales de los dos personajes principales, lo que las hace dificilmente trazables.

Tengo que reconocer que este Ulises no me está entusiasmando. Sin embargo, el cabrón del irlandés me hace leer cada párrafo 2 o 3 veces antes de pasar al siguiente con mi autoestima cada vez más perjudicada por no haber entendido el anterior. Y, más allá de que tenga un punto de masoca, prefiero esto al estilo de un Gabriel GM escritor de literatura culebróndeusarytirar.

No es que prefiera, por definición, lo complicado ante lo sencillo en literatura. Sin embargo, busco más que un sentido estético en un libro: y para ver culebrones me pongo la TV.